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miércoles, 9 de marzo de 2016

El reto de vivir sin gravedad


Uno de los inconvenientes de vivir en un «chalé» situado a 400 kilómetros de altura, la Estación Espacial Internacional (EEI), es que la vuelta a la Tierra puede ser un poco impactante. Y no solo por el vértigo. En el caso del astronauta estadounidense Scott Kelly, que regresó al planeta el pasado miércoles, el mayor inconveniente es haber pasado 340 días seguidos en el espacio, con su cuerpo flotando en la microgravedad y siguiendo una dieta basada en comida empaquetada.
«Es genial estar de vuelta. Es un privilegio poder forma parte de esto», dijo el astronauta en su primera rueda de prensa tras completar su misión. Al finalizarla, no solo se convertía en el astronauta estadounidense que más tiempo ha estado en el espacio, con un total de 520 días repartidos entre 4 misiones (por detrás del ruso Gennady Padalka, con 879 días), sino que su propio cuerpo se convertía en una clave para la ciencia. A su llegada eracinco centímetros más alto, de forma provisional, a causa de la casi ausencia de gravedad en la EEI, y su organismo acumulaba una preciosafuente de información acerca de los efectos de la vida prolongada en el espacio.
Este es el motivo por el cual la NASA lanzó la «One Year Mission», un programa de investigación en el que equipos de científicos de todo el mundo analizarán los efectos de la radiación, la microgravedad y el estrés sobre Scott Kelly y el cosmonauta ruso Mikhail Kornienko. Tal como afirmó Charlie Bolden, director de la NASA, estas investigaciones serán fundamentales para poder enviar una misión tripulada a Marte, puesto que el viaje debería llevar más de 500 días.
Los investigadores no solo cuentan con multitud de análisis del cuerpo de Scott Kelly, sino que además compararán toda esa información con una persona genéticamente idéntica pero que ha permanecido en Tierra todo este tiempo, el hermano gemelo de Scott, el astronauta retirado Mark Kelly: «Me han hecho pruebas de ultrasonidos, me han sacado sangre y me han analizado la orina y la saliva, aunque no sé para qué», reconoció ayer Mark Kelly.
Los científicos seguirán ahora haciendo pruebas para poder hacer un estudio integral. Para ello, analizarán la capacidad de movimiento del cuerpo, los biorritmos y los procesos cerebrales para tratar de cuantificar los efectos de la fatiga. También estudiarán los fluidos corporales y su efecto sobre la visión y la presión arterial. Comprobarán si hay cambios metabólicos y qué rendimiento físico tienen estos astronautas, y cómo se recuperan los huesos y los músculos tras el deterioro que supone no usarlos durante tanto tiempo. Incluso, habrá tiempo para estudiar la flora intestinal.
No será menos importante prestar atención a la psicología de los astronautas. Scott Kelly reconoció que estaba deseando volver a ponerse unos zapatos y comerse un simple plátano. Y, sin querer criticar, reconoció que aún se podía hacer mucho para mejorar la habitabilidad de las naves, en un futuro viaje a Marte: «Comes ahí, duermes ahí, trabajas ahí, es muy importante poder descansar y entretenerte», dijo. Las comunicaciones también son fundamentales. A 400 kilómetros de altura Kelly se convirtió en astronauta 2.0 y envió «tuits» e imágenes para compartirlas con la humanidad, y con su novia, tal como reconoció. ¿Alguien enviará «tuits» desde Marte?






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