sábado, 29 de diciembre de 2012

Descubren una «garantía» celular contra el cáncer


Descubren una «garantía» celular contra el cáncer
División de las células
Un grupo de investigadores de la Universidad de Wisconsin ha descubierto una nueva forma de división celular, una especie de mecanismo de "garantía" o recuperación que, en caso de que la división convencional falle o resulte defectuosa, evita que las células resultantes sigan multiplicándose por un camino que las llevaría hasta el cáncer. El hallazgo fue presentado durante la reunión anual de la Sociedad Americana de Biología Celular que se celebra en San Francisco.
"Si conseguimos fomentar esta nueva forma de división celular que nosotros llamamos klerokinesis -explica Mark Burkard, profesor de Hematología y Oncología de la Universidad de Wisconsin- podríamos ser capaces de prevenir el desarrollo de algunos tipos de cáncer".
Burkard estudió los tumores de pacientes de cáncer de mama, cuyas células tienen la particularidad de contener un número anormal de juegos completos de cromosomas, una condición llamada Poliploidía. En efecto, cerca del 14% de los cánceres de mama y el 35% de los cánceres de páncreas contienen tres o más juegos de cromosomas, en lugar de los dos que son habituales. Muchos otros tipos de tumor también tienen células con cromosomas defectuosos.
"Nuestro objetivo en el laboratorio -continúa Burkard- fue el de crear células defectuosas para desarrollar nuevas estrategias y tratamientos contra los cánceres de mama en los que hay demasiados juegos de cromosomas". Y fue durante este proceso cuando el investigador y su equipo se toparon con una inesperada y totalmente nueva forma de división celular.
Hasta ahora, la mayor parte de los biólogos aceptaban la hipótesis formulada hace ya más de un siglo por el alemán Theodor Boveri, según la que una división celular fallida lleva al nacimiento de células cuyos cromosomas son defectuosos. Esas células, al multiplicarse, son las que forman tumores y hacen que se desarrolle un cáncer. La hipótesis, aceptada por la inmensa mayoría de los científicos está, además, reforzada por una enorme acumulación de pruebas experimentales obtenidas a lo largo de muchas décadas.
La división celular está en la base de la capacidad de cualquier organismo complejo para crecer y desarrollarse a partir de un único huevo fertilizado y convertirse, a partir de él, en un individuo completamente formado. Más de un billón de "rondas" de división son necesarias para que este proceso se complete. En cada división, una única "célula madre" se divide en dos nuevas "clelulas hijas". Incluso en un individuo adulto y del todo desarrollado, muchos tipos de células siguen dividiéndose una y otra vez de forma rutinaria.
El mecanismo mediante el cual las células se "copian" a sí mismas se llama mitosis y compieza con una fase de síntesis durante la que se duplica cada uno de los componentes celulares, incluídos los cromosomas y el ADN que éstos contienen, dentro del núcleo. Después llega la cariocinesis, fase durante la que los dos juegos (original y copia) se separan físicamente, a un lado y a otro pero dentro aún de la misma célula. Al final, durante la citocinesis, la célula original se divide en dos células "hijas" completamente independientes, poniendo fin al proceso de mitosis.
Burkard y su equipo, como hemos visto, se dedicaban a fabricar células con varios juegos de cromosomas, para imitar en su laboratorio el desarrollo de un cáncer y estudiar así sus características. Para ello, los investigadores bloquearon la citoquinesis con un agente químico y esperaron a ver qué sucedía.
"Esperábamos encontrar un cierto número de células hijas con un número anormal de juegos de cromosomas", explica Burkard. Pero en lugar de eso, las células "hijas" resultantes del experimento fueron, en su inmensa mayoría, normales. En contra de la ya mencionada hipótesis de Boveri, la división celular defectuosa no dió lugar, en la mayoría de los casos, al nacimiento de nuevas células defectuosas.
Ante estos resultados inesperados, el equipo decidió centrarse en averiguar cómo las siguientes generaciones de células conseguían, contra todo pronóstico, recuperar la normalidad y tener el número correcto de cromosomas. Para ello decidieron obtener imágenes y vídeos de todo el proceso.
"Empezamos con dos núcleos en una misma célula -explica Burkard-. Y para nuestra enorme sorpresa, vimos a la célula estallar y convertirse en dos nuevas células sin pasar a través de la mitosis".
Cada una de las dos nuevas células heredó un núcleo intacto y completo, con un juego completo de cromosomas en su interior. La división ocurrió, inexplicablemente, durante una fase de crecimiento ralentizado en lugar de al final de la mitosis.
Los investigadores llevaron a cabo nuevos experimentos para estar completamente seguros de que la división que habían observado era de una clase totalmente diferente a la que se conocía hasta el momento. "Fue muy duro convencernos a nosotros mismos de lo que estábamos viendo, porque este tipo de división celular no figura en ningún libro de texto", afirma Burkard.
A base de repetir el experimento una y otra vez, los investigadores comprobaron que más del 90% de las células hijas lograban recuperar el número correcto de cromosomas. "Si conseguimos empujar a las células hacia este nueva forma de división, seremos capaces de obtener células normales a partir de otras defectuosas y reducir la incidencia del cáncer".
Burkard está convencido de que, en el transcurso de los millones de divisiones celulares que tienen lugar dentro de un organismo, el proceso de división falla en más de una ocasión. Y que esta nueva forma de dividirse es una especie de "garantía" o mecanismo de recuperación que permite a las células recobrarse y seguir creciendo normalmente.
Los científicos han llamado a esta nueva forma de división klerocinesis, para distinguirla de la citocinesis. "Klero" es un prefijo griego que significa "herencia", "legado". Un legado que podría contribuir a paliar los efectos de una enfermedad que sigue, a pesar de todos los esfuerzos, causando millones de víctimas en todo el mundo.


















Fuente: Diario EXPANSIÓN


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Así nació el Universo, la versión definitiva




Lanzada por la NASA en 2001, la Sonda de Anisotropía de Microondas Wilkinson (WMAP), ha revolucionado lo que sabemos del Universo. Dirigido por el astrofísico Charles L. Bennett, de la Universidad Johns Hopkins, el equipo científico de la nave ha determinado, con un alto grado de exactitud y precisión, no solo la edad del Universo, sino también la densidad de los átomos, la densidad de toda la demás materia no atómica o la época en que las primeras estrellas comenzaron a brillar... Ahora, dos años después de que la sonda fuera retirada, los investigadores han revelado sus conclusiones finales, basadas en un total de nueve años de observaciones. Según explican, los nuevos conocimientos adquiridos sobre algunos aspectos del Universo son cerca de 68.000 veces más precisos, convirtiendo la cosmología de ser «con frecuencia un campo de la especulación salvaje a una ciencia de precisión».
«Es casi milagroso. El Universo ha codificado su autobiografía en los patrones de microondas que observamos a través de todo el cielo. Cuando lo descodificamos, el Universo revela su historia y contenido. Es sorprendente ver encajar todo en su lugar», explica Bennett, profesor de Física y Astronomía en la Johns Hopkins.
La foto del Universo «cuando era un bebé» tomada por WMAP mapea el resplandor del Universo joven y caliente, en un momento en el que tenía solo 375.000 años de edad, una pequeña fracción de su edad actual de 13.770 millones años. Los patrones en esta imagen de «recién nacido» se utilizan para conocer lo que pudo haber sucedido antes y lo que ocurrió después durante los miles de millones de años desde los primeros tiempos. La cosmología basada en el Big Bang, que postula que el Universo ha estado expandiéndose y enfriándose desde entonces, ahora está sólidamente apoyada, según WMAP.
Las observaciones de WMAP también apoyan la teoría de la «inflación», que dice que el Universo sufrió un dramático período inicial de expansión, con un crecimiento de más de un billón de billones de veces en menos de un billón de una billonésima parte de segundo. Durante esta expansión se generaron pequeñas fluctuaciones que con el tiempo crecieron hasta formar galaxias.
La medición de WMAP también ha confirmado que las fluctuaciones siguen una curva de campana con las mismas propiedades a través del cielo, y hay un número igual de puntos calientes y fríos en el mapa. Además, el Cosmos debe de obedecer las reglas de la geometría euclidiana por las que la suma de los ángulos interiores de un triángulo suman 180 grados. Recientemente, el genial astrofísico británicoStephen Hawking comentaba en la revista New Scientist que la evidencia de WMAP de la inflación era el acontecimiento más emocionante de la física durante su carrera.

Energía oscura

El universo comprende solo un 4,6% de átomos. Una fracción mucho mayor, el 24%, es un tipo diferente de materia que tiene la gravedad, pero que no emite ninguna luz, la llamada materia oscura. El resto corresponde a la misteriosa energía oscura, una fuente de anti-gravedad que está impulsando la aceleración de la expansión del Universo.
WMAP también ha proporcionado el registro de la época en la que las primeras estrellas comenzaron a brillar, cuando el universo tenía unos 400 millones de años de antigüedad. El próximo telescopio James Webb, el que se espera sea el mejor telescopio espacial construido jamás, está específicamente diseñado para estudiar ese período.
WMAP fue lanzado el 30 de junio de 2001 y maniobró hasta situarse en su lugar de observación cerca del «segundo punto de Lagrange» del sistema Tierra-Sol, a un millón de millas de la Tierra en la dirección opuesta al Sol. A partir de ahí, WMAP escanea el cielo, trazando pequeñas fluctuaciones de temperatura a través del cielo completo. Los primeros resultados se publicaron en febrero de 2003, con las actualizaciones más importantes en 2005, 2007, 2009, 2011, y ahora esta versión final.
«La última palabra de WMAP marca el final del principio en nuestra búsqueda para entender el Universo», afirma el astrofísico Adam G. Riess, cuyo descubrimiento de la energía oscura le llevó a compartir el Premio Nobel de Física en 2011. «WMAP ha traído precisión a la cosmología y el Universo nunca será lo mismo».



























































































































Fuentete: Diario ABC


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