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lunes, 11 de junio de 2012

Las tormentas de polvo estelar que acompañan a la agonía final de las estrellas


(NCYT) La causa exacta de este superviento ha sido un misterio durante mucho tiempo. Los científicos asumían que es producido por diminutos granos de polvo que se forman en la atmósfera de la estrella y en los que incide su luz. Esta luz estelar empuja así a los granos de polvo (esencialmente silicatos) alejándolos de la estrella.

Sin embargo, los modelos han demostrado que este mecanismo no funcionaría del modo esperado. En las simulaciones, los granos de polvo se calientan demasiado y se evaporan antes de que puedan ser expulsados.

Un equipo dirigido por Barnaby Norris de la Universidad de Sídney en Australia, y que incluye a Albert Zijlstra del Observatorio de Jodrell Bank en el Reino Unido, así como a especialistas de las universidades de Manchester y Oxford en la misma nación, la de París-Diderot en Francia, y la Macquarie en Australia, parece haber dado con la solución definitiva para ese misterio.

Tormentas de polvo estelar
Viento solar. (Foto: U. Manchester)
Usando el Telescopio VLT, del Observatorio Europeo Austral (ESO por sus siglas en inglés), emplazado en Chile, los astrónomos hicieron observaciones con una resolución tan grande que equivale a poder distinguir uno de otro, desde el Reino Unido, los dos faros de un automóvil circulando en Australia. Esta extrema resolución permite captar detalles de gigantes rojas (estrellas en la fase final de su vida estelar activa), incluyendo las ventiscas de gas y polvo surgidas de cada estrella.

Gracias a las observaciones, los investigadores han descubierto que los granos de polvo crecen hasta tamaños mucho mayores de lo que se pensaba. El equipo tiene constancia de tamaños de casi un micrómetro, tan pequeños como el de un grano de polvo, pero que resultan enormes para lo que es el viento estelar.

Los granos de este tamaño se comportan como espejos y reflejan la luz estelar, en vez de absorberla. Esto los mantiene a una temperatura lo bastante baja, con lo que la luz de la estrella los puede empujar sin destruirlos. Ésta sería pues la explicación al enigma antedicho.

Los grandes granos son expulsados por la luz de la estrella a una velocidad de 10 kilómetros por segundo, ó 36.000 kilómetros por hora. En algunos aspectos, el efecto es similar a una tormenta de arena.
Fuente: Solociencia
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